sábado, 25 de marzo de 2017

11M Y MI PADRE


El 11 de marzo de 2004 en mi casa se vivió de una manera distinta a la lejanía que supone vivir la historia por los medios de comunicación, con su impersonalidad y su sesgado tratamiento de las noticias. Digo esto porque al ser cometidos dichos atentados sobre trenes de cercanías de Madrid y haber estado mi padre trabajando 14 años de maquinista en dicha ciudad y también  durante periodos precisamente en cercanías, hace que a dichos acontecimientos se pongan caras y ubicaciones reales de los lugares donde sucedieron, además del testimonio de la visión directa del día después que vivió mi padre al pasar con el tren por dichos lugares por los cuales sólo circulaban los trenes para ir a sus bases de mantenimiento.
Al conocerse los atentados, mi padre estableció comunicación con compañeros de Madrid, motivo por el cual tuvo conocimiento de los compañeros que conducían dichos trenes y de su estado, afortunadamente bueno en sentido físico, uno de ellos, concretamente el que conducía el tren de Atocha, además de compañero, muy amigo, por ello, a lo largo de la larga jornada estuvo intentando comunicar con él, y lo consiguió al final del día, saludos y palabras de ánimo, no era necesario más. Tiempo más tarde, cuando habló con Roberto en la tranquilidad del paso de algún tiempo mi padre se da cuenta de la huella que esto ha dejado en su compañero, para bien y para mal.
Días más tarde tuvo conocimiento que otro compañero y amigo resultó herido en el tren de la calle Téllez, tiempo después y ya recuperado pudo tener testimonio de otra experiencia.
Al día siguiente es cuando mi padre conduce el tren de Soria con destino Madrid, una vez llegado a Chamartín, el tren ha de llevarse a la base de mantenimiento de Cerro Negro (en Atocha) y ha de pasar por Santa Eugenia. La circulación por dicho lugar se hace en condiciones especiales puesto que la línea está cortada para el servicio de viajeros. Relata como el paso por dicho lugar, otras veces con los andenes llenos de gente esperando el tren, es esta vez triste y mudo, no hay más gente que los investigadores ni más ruido que el de su propio tren, pero si hay por el lugar restos de objetos…., que le dan un aspecto dantesco. También a su paso por la estación de clasificación de Stª Catalina, puede ver la unidad de dos pisos objeto del atentado (cuando se conoce el material y la conformación del mismo se aprecia más si cabe la brutalidad).
Por la calle, en Madrid hay una calma triste, una sensación de normalidad anormal que lo impregna todo, hasta el ruido del tráfico parecía respetuoso.
La verdad es que dice mi padre que nunca podrá olvidar esas imágenes ni esa sensación indescriptible.
No es lo mismo contarlo que vivirlo.


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